BAJA DISPONIBILIDAD ENERGÉTICA

BAJA DISPONIBILIDAD ENERGÉTICA

La baja disponibilidad energética (LEA) es una etiología subyacente a la relativa deficiencia energética en el deporte (RED-S). Se produce cuando se consume menos energía de la necesaria teniendo en cuenta el gasto energético total (GET). En consecuencia, al cuerpo no le queda suficiente energía para mantener correctamente las funciones fisiológicas.

La LEA puede deberse a diferentes factores y se estudian 2 categorías: sociopsicológica y fisiológica. Se ha visto que las mujeres deportistas tienen más riesgo de sufrir LEA por presiones socioculturales, como las de las redes sociales, las de las entrenadoras-compañeras, o principalmente porque creen que un menor peso corporal tendrá mejores resultados de rendimiento. Los cambios intencionales en el comportamiento dietético para conseguir una estética deportiva determinada pueden ser un factor de impulso de la LEA. Sin embargo, muchos atletas pueden caer en la LEA involuntariamente en fases de alto volumen de entrenamiento o en deportes de alto gasto energético.

Los conocidos efectos de la LEA provocan múltiples complicaciones como: deterioro de la disfunción reproductiva, esquelética, cardiovascular, gastrointestinal, endocrina y neurológica, entre otras. Intencionada o no, la LEA puede tener efectos adversos significativos sobre la salud y el rendimiento, tanto en atletas de resistencia como de potencia de fuerza.

Consecuencias de la baja disponibilidad energética

Las vías de detección de nutrientes son sensibles al estrógeno circulante, concretamente la regulación de las neuronas hipotalámicas kisspeptina y la regulación metabólica de la expresión y liberación del gen KISS1. La kisspeptina es un neuropéptido implicado en la regulación de la función reproductiva que también juega un papel importante en la regulación de la homeostasis de la glucosa, el comportamiento alimentario y la composición corporal. Es importante destacar que cuando se producen déficits energéticos, debido a la desnutrición o al exceso de gasto energético, el gen KISS1 se regula a la baja, y el resultado es la represión postneuronal de GnRH y la regulación descendente del eje reproductivo.

RECOMENDACIONES PARA LA PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA LEA

No se han establecido pautas específicas para un óptimo aporte energético (AE) para atletas femeninas competitivas, pero parece que al menos 45kcal/kg FFM/día es el AE óptimo para garantizar la función fisiológica de las mujeres atletas y mantener su masa corporal.

En los estudios clínicos se ha establecido un umbral de 30kcal/kg FFM/día, por debajo del cual se observan reducciones en las hormonas metabólicas. La periodización planificada del consumo de energía puede ser beneficiosa para mitigar los efectos negativos de la LEA y lograr las relaciones óptimas de potencia y peso para la competencia.

La monitorización continua de la carga de trabajo a lo largo de la temporada también es muy importante en la evaluación del estrés y de las necesidades de recuperación, ya que el elevado gasto energético, el estrés y las altas necesidades calóricas se producen con frecuencia durante la pretemporada, así como en los bloques de competencia y las concentraciones en altura. Además, biomarcadores sanguíneos como el cortisol, la creatina de quinasa (CK), hormonas sexuales, citoquinas, paneles hematológicos y marcadores de nutrientes pueden utilizarse para detectar respuestas fisiológicas al estrés general e identificar el equilibrio entre los resultados del entrenamiento, la recuperación y el rendimiento.

DISPONIBILIDAD ENERGÉTICA DURANTE EL DÍA

El consumo de energía puede variar entre los días de entrenamiento (dependiendo del gasto). De este modo, se ha observado que los periodos diarios de baja ingesta de energía durante las 24 horas se asocian a índices de salud negativos y cambios en la composición corporal. Los estudios muestran que las mujeres con disfunción menstrual tienen mayores subidas de cortisol cuanto más retrasan la ingesta de los alimentos después de hacer deporte. En esta línea se ha propuesto que la sincronización de nutrientes tiene un impacto significativo para la salud, el entrenamiento físico y la recuperación. Escribiremos también sobre esto más adelante.

A pesar de ello, cuantificar el gasto energético de los atletas puede ser complicado y se puede tener un amplio margen de error. Para determinar esto se necesitan datos concretos (cantidad de grasa corporal, nivel muscular, gasto energético, consumo...) y sin duda se producirán errores de validez y fiabilidad. Además, es necesario incluir el gasto en actividad física involuntaria para reflejar con precisión (y también muy difícil de cuantificar) las alteraciones en el acceso a la energía.

En resumen, hemos visto que una baja disponibilidad energética puede ser muy peligrosa para la salud y el rendimiento. Su prevención y tratamiento requiere una óptima disponibilidad energética, teniendo en cuenta las necesidades y el gasto de cada persona. Además, será importante que la energía y los nutrientes estén bien distribuidos a lo largo del día, especialmente en los deportistas con problemas. Muchas veces se convierte en un tema complicado, pero en el centro GARAI tenemos experiencia en este campo y si necesitas ayuda estamos dispuestos a ayudarte.

BIBLIOGRAFIA